Opinión de Alberto Piris: Con Biden en la Casa Blanca, desenredando el embrollo que le ha dejado Trump, muchos son los problemas que tendrá que resolver y muy enconadas las heridas a curar dentro de la propia nación americana. Pero también tendrá que mirar hacia afuera y dedicar atención a una cuestión que su antecesor ha envenenado y que va a afectar a la comunidad internacional: ¿cómo relacionarse con China?

Madrid, 24 Enero 2021, (Envío especial para El Informante Perú).- Con Biden instalado definitivamente en la Casa Blanca y desenredando el embrollo que ahí le ha dejado el reinado de Trump, muchos son los problemas que ahora habrá que resolver y muy enconadas las heridas a curar dentro de la propia nación americana.

Pero alejando el punto de vista y ensanchándolo hasta abarcar la totalidad del planeta, una cuestión va a planear insistentemente sobre Biden en cuanto se asiente en el Despacho Oval: ¿Cómo relacionarse con China?

No crea el lector que se trata de un problema de esa “política exterior” que a muchos gobernantes solo les sirve para alejar la atención pública de los peliagudos asuntos domésticos. China está ya presente en la vida de EE.UU.: afecta a su economía, influye en los problemas climáticos y en el modo de combatir la pandemia; incide en la tecnología y los avances científicos; no es ajena a la cultura popular estadounidense y sus actividades penetran en un ciberespacio común que no tiene fronteras.

Además, China es la segunda economía mundial (según algunos informes pronto será la primera), y la única de las grandes economías que ha crecido en el último semestre de 2020. No parece ajeno a esto el acuerdo comercial y de inversiones que la UE ha firmado recientemente con China.

China posee también la segunda fuerza militar del mundo y aunque no podría enfrentarse a EE.UU. en cualquier región del planeta, sí puede mantener la supremacía en las zonas contiguas a su territorio, desde el Pacífico occidental hasta el Índico.

Biden tendrá que elegir. Si continuara con la política hostil a China desarrollada por Trump, el mundo estaría abocado a una infructuosa guerra fría que frenaría cualquier avance. Si no se desea esto, solo queda un camino: buscar los modos de cooperar con un rival poderoso, en beneficio de toda la humanidad. Un rival al que su predecesor sometió a duras restricciones económicas y comerciales y al que el Pentágono señaló hace poco tiempo como “el principal competidor estratégico”, por encima de Rusia.

¿Habrá que dar prioridad a frenar o castigar las violaciones de los derechos humanos del régimen chino, o será mejor colaborar con él para hacer frente a los graves problemas que afectan hoy a toda la humanidad? Acabar con la pandemia, frenar la emergencia climática, reducir los armamentos nucleares y otras armas modernas es algo que beneficiaría a la humanidad pero requeriría una política exterior hábil y flexible, deshaciendo la envenenada herencia de Trump.

En resumen: hay dos casos extremos que deberían preverse y evitarse en todo lo posible: una nueva guerra fría, que pudiera derivar en un enfrentamiento nuclear, y la catástrofe climática que se avecina si no se toman a tiempo las medidas necesarias. Y para ello habrá que contar con China. Lo que Biden vaya decidiendo a partir de hoy señalará en cierto modo la dirección en la que se mueve la humanidad.

(*) General de Artillería en la Reserva y Diplomado de Estado Mayor.

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