La finalidad es evitar infectarse y afectar a su bebé

Lima, 09 de Febrero 2021, (ANDINA).- Su embarazo y ser testigo del fallecimiento de gestantes y sus bebés tras contagiarse con el nuevo coronavirus motivaron a que Marisa Cabrera Moresco, médica intensivista del Hospital Nacional San Bartolomé, decida aplicarse la vacuna contra el covid-19 en esta primera fase de inmunización aunque la norma sanitaria la exceptúa de hacerlo.

Trabaja en la unidad de cuidados intensivos (UCI) neonatal, adonde llegan recién nacidos prematuros, bebés en riesgo, a veces con malformaciones o con un peso que no supera los 500 gramos. Por ello, la cercanía con la muerte es parte de su rutina y su labor es lograr que la vida triunfe.

Hoy fue parte del equipo de la primera línea de batalla porque decidió vacunarse, a pesar de que la norma sanitaria dispone que menores de 18 años ni gestantes se aplicarán la vacuna contra el covid-19, y precisa las condiciones en que una embarazada puede protegerse: tener la opinión favorable del médico tratante, alimentación, estar a día en sus controles, entre otras.

Por esa razón, al enterarse de esa posibilidad, buscó información especializada internacional, se entrevistó con colegas y conversó con el médico ginecólogo que la trata.

“Le comenté el interés que tenía de vacunarme, porque mi temor era infectarme y afectar a mi bebé. He visto mamás que perdieron la vida y que su bebé partió con ellas porque no superaron el covid-19. No quería que eso me ocurra; mi decisión ha sido muy pensada y responsable”, expresó.

Una luz en el camino

Su primogénita se llamará María Victoria; ya tiene 30 semanas en su vientre y será una guerrera, aseguró. En su nombre es que hoy se aplicó la primera dosis de la vacuna Sinopharm y la segunda le tocará el 2 de marzo.

Marisa no deja de repetir que por fin se prendió una luz de esperanza, que alumbrará la mente de los peruanos para cruzar este camino tormentoso, pues si algo ha revelado la pandemia es que, como sociedad, todavía no aprendemos lo que es solidaridad; hay mucho egoísmo y falta de conciencia, lamentó. No quiere juzgar, pero la indiferencia de la gente puede ser el gran obstáculo para superar la enfermedad, sostuvo.

Recordó algunos momentos en los que lloró junto a sus colegas: cada vez que veía en las noticias que en plena pandemia había fiestas, reuniones en casa de personas que no se dan cuenta de que en 15 días podrían perder a un ser querido.

Su mayor deseo es que la gente se vacune y que lo haga de manera informada, confiando en el conocimiento y la ciencia de los profesionales de la salud. “Se van a seguir perdiendo vidas valiosas, el covid-19 existe, es real, y si la ciencia da una salida hay que usarla. Mientras tanto, estamos obligados a ser responsables”, aseveró.

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