Lima, 18 de Mayo 2024, (Envío especial para El Informante Perú).- La delincuencia es multifactorial, las condiciones de pobreza, exclusión social, inequidad, marginalidad, consumo de alcohol y drogas, violencia familiar, hogares disfuncionales, más armas de fuego en manos de la delincuencia, crisis de valores, corrupción e impunidad desde el gobierno que se traduce en una crisis de valores, con todo ello se da un campo fértil para un incremento importante de la delincuencia, hay que sumar a los miles de hogares disfuncionales que generan violencia familiar de diversas expresiones, como la crisis de valores entre sus miembros, sea por falta de una adecuada formación o por perdida sistemática de ello, por efecto de una presión social o por necesidades urgentes no atendidas, por ello con el aumento de la pobreza, un porcentaje de ellos cruzara la frágil línea que separa el bien del mal, el que antes no robaba ahora lo hará y el que antes ni pensaba robar, ahora lo pensara. La escasez de un liderazgo proactivo y la pérdida de valores facilitan la proclividad criminal, las personas sin valores se dan cuenta de que con esos actos delictivos, se pueden lograr satisfacciones inmediatas, que no se obtienen fácilmente con un trabajo honrado.

Hoy no se evidencia un compromiso entre el Gobierno y la sociedad, la mayoría de las Instituciones públicas y algunas privadas son vistas como corruptas. Las acciones del Estado han perdido credibilidad, una sociedad sin líderes ve recortada sus posibilidades de cambio en sus estructuras sociales y cuando hablamos de liderazgo, no solo nos estamos refiriendo al gubernamental, sino también al comunal.

Por otro lado, la vida en sociedad tiende siempre a ser alterada por la existencia de una serie de situaciones generadoras de tensión y conflicto y que últimamente se han acrecentado, por una importante migración ilegal, que ha traído una delincuencia con otras modalidades y muy violenta, hasta el extremo de producir zozobra e intranquilidad en la población.

Nuestra sociedad acusa actualmente una serie de males que están complicando su manejo, tenemos ante nosotros un escenario de violencia social, creado por una clase política que es muy cuestionada.

Finalmente la inseguridad debe ser diagnosticada sin sesgos y con un enfoque integral, multisectorial, transversal y participativo, un buen Plan Nacional contra la Inseguridad Ciudadana debe involucrar tanto al sector público como al privado, además se debe establecer la participación efectiva de gobernantes y gobernados, ya que se trata de un problema que nos afecta a todos.

(*) César Ortiz Anderson
Presidente de Aprosec.

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