Lima, 23 Noviembre 2021, (El Informante Perú).- La Crónica Francesa, el film número diez del icónico cineasta estadounidense Wes Anderson, ya se encuentra en cartelera.

La película da vida a una colección de historias del último número de una revista estadounidense publicada en Ennui-sur-Blasé, una ciudad francesa ficticia del siglo XX, y está protagonizada por un elenco coral de renombrados actores y actrices, incluidos Benicio del Toro, Adrien Brody, Tilda Swinton, Léa Seydoux, Frances McDormand, Timothée Chalamet, Lyna Khoudri, Jeffrey Wright, Mathieu Amalric, Stephen Park, Bill Murray y Owen Wilson.

Como suele suceder con las películas de Anderson, en La Crónica Francesa conviven múltiples referencias y mundos. En este caso, se trata de historias dentro de otras historias, dentro de recuerdos, dentro de encuadres, que convergen en un todo orgánico. El film es un tributo del cineasta a Francia y el cine francés, y también es una conmovedora reflexión sobre el desarraigo y la vida de expatriado. Pero, sobre todas las cosas, La Crónica Francesa es una poderosa carta de amor a la palabra escrita y a quienes hacen honor a ella a través de su profesión.

Una pasión, un homenaje

La Crónica Francesa gira en torno a las historias escritas para la revista ficticia que da título al film, que a su vez está inspirada en The New Yorker, la legendaria publicación fundada en 1925 que compendia ensayos, críticas, reportajes y piezas de ficción y forma parte esencial de la cultura periodística y literaria estadounidense del último siglo.

Quienes conocen a Anderson no se sorprenden de este homenaje que hace el realizador a través de esta película. “Cuando compartíamos habitación en la universidad, él estaba todo el tiempo leyendo The New Yorker, lo cual era bastante inusual. No recuerdo que estuviera suscripto, eso habría estado fuera de su alcance económico, pero estaba completamente absorbido por esa revista”, relata el actor Owen Wilson, amigo cercano y recurrente colaborador de Anderson.

El mismo cineasta cuenta que su relación con la revista es de larga data: “Cuando estaba en décimo grado, mi hora de estudio transcurría en la biblioteca, y frente a mí tenía estantes de madera con numerosas revistas. Me llamó la atención una con una ilustración en la tapa, y comencé a hojearla. Así me volví un asiduo lector de The New Yorker mientras esperaba que empezaran las clases. Comencé a leer números anteriores y a reparar en los nombres de los reporteros que aparecían una y otra vez. Y me volví totalmente fanático”.

La Crónica Francesa de la película es un tributo a esa temprana pasión de Anderson, y queda evidenciado en cuatro historias sorprendentes y complejas, de una elaboración exquisita, con una riqueza de detalles, inesperadamente graciosas y más inesperadamente conmovedoras.

Una revista que cobra vida

El amor de Anderson por la palabra escrita y el mundo del periodismo impreso también se evidencia en la forma en que está estructurada la película. Dividida en cuatro partes, dedicadas a las cuatro historias publicadas en este número de la revista, el formato del film emula el sumario de la publicación. Así, la audiencia se sumerge en las historias -vívidas, conmovedoras, ricas en detalles- como si las estuviera leyendo, al mejor estilo de las celebradas crónicas de The New Yorker. “Era el tipo de artículo que uno leía y te transportaba a otro lado, antes de Google y las transmisiones en vivo. Realmente te daba una sensación de lugar –los olores, el sabor y el carácter– a través de las palabras de alguien con la habilidad para evocar imágenes en tu mente”, describe el productor de la película Jeremy Dawson.

A su vez, el film lleva la impronta del periodismo gráfico en su estética. Entre otros, está presente en el logo del título, en los subtítulos que presentan las historias y en el “clima de redacción” que se crea a través de los personajes y sus andanzas. El encanto irresistible de las redacciones periodísticas está maravillosamente recreado a través de las oficinas de La Crónica Francesa, donde los cronistas escriben, conversan o simplemente comparten el tiempo libre, al son del repiqueteo de las máquinas de escribir y envueltos en el humo de los cigarrillos.

Héroes de la redacción

El amor de Anderson por el periodismo impreso también queda revelado en cada uno de los entrañables personajes que integran el equipo de redactores de Arthur Howitzer, Jr. (Bill Murray), respetado fundador y editor de La Crónica Francesa del Liberty Kansas Evening Sun. Ellos son: Herbsaint Sazerac (Owen Wilson), el intrépido periodista de ciclismo, atraído por los aspectos más inquietantes e indeseables de las ciudades lejanas que visita; J.K.L. Berensen (Tilda Swinton), la cronista y crítica de arte, gran conocedora de todos los vericuetos del mundo del arte moderno; Lucinda Krementz (Frances McDormand), la solitaria ensayista que protege su integridad periodística tan fielmente como sus pasiones privadas; y Roebuck Wright (Jeffrey Wright), el solitario erudito expatriado con una memoria tipográfica, descubierto y rescatado por Howitzer bajo circunstancias humillantes.

El personal de la revista, cuidadosamente seleccionado por Howitzer, se completa con el historietista (Jason Schwartzman), el editor de historia (Fisher Stevens), el asesor legal (Griffin Dunne), la editora (Elisabeth Moss), la correctora de pruebas (Anjelica Bette Fellini) y el risueño escritor Wally Wolodarsk, quien ha ocupado las oficinas de La Crónica Francesa durante años, sin escribir una sola palabra.

Los personajes que integran la mítica redacción de la película están inspirados en periodistas reales que Anderson conoce a la perfección y dejaron su marca en publicaciones como The New Yorker, quedando eternamente asociados a la mística de la era de oro del periodismo gráfico. ¿Algunos ejemplos? El personaje de Owen Wilson, Herbsaint Sazerac, quien lleva a sus lectores en un viaje por Ennui-sur-Blasé, una ciudad ficticia que parece encarnar el alma poética de Francia, lo hace en el espíritu de escritores como Joseph Mitchell, cuyos relatos fueron recopilados en el libro Up in the Old Hotel, y Luc Sante, cuyo The Other Paris es uno de los favoritos de Anderson. Por otra parte, Howitzer, el personaje de Bill Murray, está inspirado en dos de las personas que convirtieron The New Yorker en lo que es: Harold Ross, el cofundador de la revista, y William Shawn, su sucesor.

Por su parte, el personaje de la conferencista y experta en arte J.K.L. Berenson, interpretada por Tilda Swinton, está inspirado en la oradora y escritora Rosamond Bernier, glamurosa editora de la revista Vogue y fundadora de la publicación francesa de arte L´Oeil.

“En esta película, la relación con la palabra escrita está en la importancia de la relación con los redactores de la revista y con una forma de escribir que la gente siente que se está perdiendo. El héroe de cada historia es un escritor”, comenta Anderson. En un sentido más amplio, el actor Jeffrey Wright concluye: “Esta película celebra la palabra escrita de un modo positivo para nuestro país en el momento actual, en el que hemos perdido ese aprecio por la lengua y la inteligencia expresada a través del lenguaje”.

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