Ayudó a acabar la sequía de 28 años sin titulo de la selección argentina

Rio de Janeiro, 11 Julio 2021, (ANDINA).- Argentina quería ganar un título por su propia alegría, pero más lo ansiaba por él. Lionel Messi lo logró con su propio ‘Maracanazo’ y como el mejor jugador de la Copa América 2021.

El 10 argentino al fin consiguió el trofeo tan ansiado con su país y un amor antes solo reservado por los suyos para Diego Maradona, con unas ganas de triunfar que le encendieron los pies y lo llevaron hasta la final de la Copa América-2021.

En el último tramo de su carrera, Argentina se despertó nostálgica a disfrutar del ídolo que, para muchos, perteneció a otros por largo tiempo en suelo europeo. Y lo hizo a tiempo para festejar juntos.

Después del pitazo final, Messi sonrió con rostro aniñado, alzo el puño en lo alto y se golpeó el pecho. Minutos después, levantó y besó la Copa al frente de sus compañeros.

A los 34 años, y en un romance con la celeste y blanca, Messi llevó a su selección a las condiciones soñadas para el título que buscaba desde que se estrenó con la absoluta hace casi media vida: una final contra Brasil en su templo. El mismo donde en 2014 Alemania le había arrebatado la Copa del Mundo.

Si es más o menos líder, si canta o no el himno, si le pone el pecho a los rivales. Messi diluyó con su madurez personal y deportiva todas las discusiones para volver la atención a lo que importaba: no dejar pasar la oportunidad para ser campeón de América, como las que tuvo en Venezuela-2007, Chile-2015 y EEUU-2016. Y a las que se sumaba Perú-2004, perdida frente a Brasil por una generación anterior.

Para ‘Leo’, que rompe el molde en todo, la tercera no fue la vencida, fue la cuarta.

Sabía el astro que la posible satisfacción era del mismo tamaño que la hazaña: Brasil sumaba 2.553 días sin caer en su tierra. Pero se dispuso a ir “por la gloria”, por su propio ‘Maracanazo’. Y lo logró.

La diferencia es que en esta, su sexta Copa América, el crack argentino no buscó ahuyentar fantasmas ni persiguió la revancha con pesar. Por el contrario, Messi jugó cuanto minuto hubo disponible dejándose arrastrar por un optimismo que se le notó en la cara y desbordó a su juego, siempre permeable a su ánimo.

Por eso cuando él sonríe, Argentina sonríe. Este sábado, lo hicieron los dos.

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