El machismo forma parte de las culturas del odio

El peor mal de la sociedad postmoderna es la intolerancia. El machismo forma parte de las culturas del odio, cultura enraizada en las percepciones, pensamiento, los prejuicios y los profundos temores que están en el centro de las relaciones sociales, especialmente de los hombres con las mujeres.

Lima, 14 Noviembre 2016, (Especial para El Informante Perú).- En Europa en la Edad Moderna, fueron quemadas vivas, entre 60 mil y 5 millones de mujeres acusadas de brujas. Eso no hace más de 200 años. La violencia irracional, gratuita, cruel e injustificada contra la mujer, no es reciente. Tiene milenios pero tuvo un pico brutal hace muy poco tiempo. Esa cultura de violencia dirigida hacia la mujer está en el ADN de la sociedad contemporánea. Los más extremistas misóginos del siglo XXI buscan que la condición de la mujer retroceda al siglo VII de nuestra era mientras los más avanzados libertarios quieren la igualdad absoluta de derechos entre hombres y mujeres. En ese punto está el centro de la batalla por la igualdad de hombres y mujeres. El siglo XXI es y será el siglo de las mujeres.

El machismo forma parte de las culturas del odio, cultura enraizada en las percepciones, pensamiento, los prejuicios y los profundos temores que están en el centro de las relaciones sociales, especialmente de los hombres con las mujeres pero, también, de las relaciones entre hombres y de mujeres entre sí.

El machismo es una cultura de alcance universal; la misoginia es una cultura enraizada en la sociedad humana y no es nada nueva. Hubo períodos en la historia en los que la mujer fue protagonista destacada y con poder. En otros fue subyugada y aplastada al extremo de ser considerada “bruja” y, por ello, quemada viva. Calculan los especialistas que las mujeres quemadas vivas fueron entre 60 mil a 5 millones durante la Edad Moderna en Europa. En esa larga etapa se desató una casería de brujas encabezada por católicos y protestantes que superó todos los límites imaginables en cuanto a número de muertos, desvarío e intolerancia, persecución, prejuicios, odio y terror contra las mujeres. Se legisló para cazar mujeres, la forma de procesarlas judicialmente y darles muerte. Se construyó un estereotipo de las brujas: solteras, pobres, mayores de 50 años o muy inteligentes y, por ende, peligrosas para los poderosos. La última muerte de una mujer condenada en un juicio por brujería se produjo a fines del siglo XVIII hace tan sólo 234 años en Suiza. Sin embargo, en 1836 igualmente en Europa, unos pescadores sometieron a una mujer a la llamada prueba de agua. En tanto la mujer supuestamente no se hundía, la ahogaron a la fuerza, hace 180 años. Esta fue la última muerte oficialmente reportada de una “bruja”.

En esa tenebrosa época de tres siglos de la Edad Moderna, estamos hablando de asesinatos en masa, decenas de miles quemadas en hogueras, crímenes sustentados en el prejuicio, la ignorancia y el miedo en toda Europa. En otro momento de la historia, uno de los casos abyectos es el asesinato de Hipatia por turbas cristianas en los años 425 o 426 de nuestra era. Ella era una filósofa, matemática, astrónoma e inventora egipcia. En pleno auge del cristianismo se mantuvo en su fe no cristiana, motivo por el cual fue asesinado y su cuerpo descuartizado por el poder político que azuzó a hordas de fanáticos cristianos que en esos años actuaban con la misma ferocidad con la que hoy actúan los terroristas del Estado Islámico y organizaciones similares. Es que la ignorancia, los prejuicios, el miedo y el odio son fáciles de manipular cuando el poder lo necesita y mantiene a las personas educadas en prejuicios.

Al encontrar una respuesta a la violencia contra la mujer, encontramos que se trata de una creación cultural elaborada por el poder masculino, cultura que ha pasado de generación en generación a través de los siglos y que se mantiene vigente en la mayoría los países del mundo.

Entre los musulmanes existe en las normas de la Sharia o ley religiosa que rige la vida de la sociedad musulmana la idea de la superioridad absoluta de los hombres sobre las mujeres las mismas que no tienen derechos. Una frase “benévola” de la vida cotidiana musulmana pone al descubierto esa violenta cultura anti-femenina: “Cuando llegues a tu casa, pégale a tu mujer. Tú no sabes por qué, ella sí sabe”. En el Corán, en la vida de Mahoma y en la Sharia está consagrada una de las mayores expresiones de una cultura misógina-machista que mantiene en condición de esclavitud a más de 650 millones de mujeres. En estas normas el hombre tiene dominio total sobre la mujer y puede darle muerte por razones “justificadas” dentro de la propia Sharia.

El Estado Islámico y otras organizaciones político-militares terroristas buscan imponer el Islam en el mundo como forma de vida; por ello es importante conocer algo de la historia de Mahoma el Profeta, ejemplo de vida para cientos de millones de musulmanes. Mahoma desposa a su sobrina Aisha, cuando ella tenía 7 años y él 53. Ella fue su última esposa del harem. Se afirma que el matrimonio se consuma cuando ella tenía 9 años. Mahoma describe las que serían “las delicias” que se pueden obtener de una mujer de esa edad. Ese momento de la vida del profeta, es en la actualidad usado por grupos musulmanes para fundamentar una práctica según por la cual se “casan” con niñas de 7, 8 y nueve años que previamente han sido compradas; niñas que fallecen por severas hemorragias la “noche de bodas” -una noche de torturas y muerte-. Las que sobreviven viven en condición de esclavas. En los pueblos tomados por el Estado Islámico las niñas y adolescentes de otras religiones son capturadas y vendidas como esclavas sexuales con mayor valor si son vírgenes o son entregadas a las tropas que proceden a violaciones masivas sin remordimiento alguno. La mujer no tienen ningún valor.

En las sociedades ricas por la exportación de petróleo, las mujeres deben compartir con otras el poder jerárquico del esposo autoritario. Existe una leve apertura a las mujeres en la élite en el poder en medio de una cerrazón total a las mayorías.

En el Perú el machismo es, también, expresión de una cultural que atraviesa a todos los grupos sociales del país, llegando al punto convertirse en un asunto de salud mental por el alto grado de maltrato físico y psicológico, que llega en algunos casos a nivel de sevicia en todos los sectores sociales. En la vida cotidiana de las mujeres abundan las amenazas, insultos, sobrenombres denigrantes y racistas -bruja, chola, india, negra, bruta, serrana, fea, etc.- unidos a golpes y a golpizas frecuentes. El asesinato es la consecuencia final de una violencia no contenida por la sociedad y el Estado que no protege a la mujer ni a los hijos.

El machismo es inculcado con frecuencia por la madre que ha hecho suyo el machismo como cultura y conducta. Ella transmite esos valores a los hijos e hijas. Esa madre machista obliga, por ejemplo, a la hija mujer a atender las tareas domésticas de la casa, especialmente “atender” –hacer todos los quehaceres domésticos y personales- a los hermanos varones desde cuando niños hasta adultos. La madre es uno de los mayores vehículos de transmisión del machismo. Los padres hacen lo mismo en todos los sectores sociales. Ellos promueven en sus hijos conductas patológicas en la relación con las mujeres cuando por un profundo machismo buscan que sus hijos inicien su vida sexual.

El machismo es una cultura como el racismo, el nacionalismo, la homofobia, el clasismo, el odio religioso, etc. La única forma de enfrentarlo es a través de una fuerte cultura anti machista que rechace esa y todas las formas de odio.

El machismo es parte de cultura de odio. Hay que precisarlo porque se requerirá una lucha firme que levante valores, que eduque, que busque el cambio. Se requiere cambiar las leyes y pronto; educar en el hogar y en los centros educativos; cambios radicales en la TV, el principal medio de educación y des-educación del Perú. Cambios en los barrios. El papel que juegan las municipalidades y gobiernos sub-nacionales es fundamental por la cercanía e impacto en la vida de la gente. El machismo sutil o brutal forma parte de lo peor de la cultura peruana y puede cambiarse. El cambio ha empezado y no debe detenerse.

(*) Oswaldo Carpio Villegas
Sociologo. Analista.

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