Santa Rosa de Lima: una vida consagrada a la caridad

El Perú católico rinde homenaje hoy a la primera mujer americana declarada santa por la Iglesia, hace 350 años

Lima, 30 Agosto 2021, (ANDINA).- Aunque el santuario de Santa Rosa de Lima permanece cerrado por segundo año consecutivo por la pandemia del covid-19, cientos de personas llegan hasta él.

Son feligreses de toda condición que, premunidos de espiritualidad y de fe, acuden a este lugar, que conforman el templo y el convento, para ofrecer una plegaria a la Patrona del Perú, del nuevo mundo y las Filipinas, y a quien el 30 de agosto se le rinde homenaje y se recuerdan sus virtudes y milagros.

Isabel Flores de Oliva, la primera mujer americana declarada santa por la Iglesia católica, nació en Lima el 20 de abril de 1586 y apenas 31 años después, el 24 de agosto de 1617 falleció, después de entregar su vida y su obra a las causas más nobles.

La veneración por ella se alimenta cada día y en el transcurso del tiempo, cuando uno repasa los pasajes de su vida solo encuentra las virtudes que la llevaron a ser tan popular. Isabel, a quien su madre llamaba Rosa por el leve rubor que encendía su nívea piel, era muy entregada a la oración y a las personas más desprotegidas, por las que veló con su infinita bondad.

Diversos historiadores coinciden en puntualizar estos aspectos de su alma caritativa, además de la humildad y la penitencia que asumió para darle sentido a su vida. Siempre estuvo al lado de los enfermos, incluso de los afectados por enfermedades, muchas de ellas infecciosas, a los que visitaba para atender y darles consuelo.

Santa Rosa fue laica y no religiosa. A los 20 años tomó el hábito de terciaria dominica, es decir, vestía con túnica blanca y manto negro y llevaba una vida consagrada a Dios en su hogar.

Se afirma además que buscó imitar a la también terciaria dominica Santa Catalina de Siena, y fiel a su ejemplo, hizo votos de castidad y logró que sus padres desistieran de la idea de casarla, por lo que pudo continuar desarrollando su prospecto espiritual.

Antes de esta etapa en las que define su consagración a Dios, Isabel Flores de Oliva ya evidenciaba una profunda espiritualidad en la que se fortaleció su vocación de servicio.

Su infancia transcurre en la localidad de Quives, a donde su padre la traslada junto a su numerosa familia, luego de ser empleado en la actividad minera como administrador de un obraje donde se refinaba plata.

Aunque los historiadores no aluden con frecuencia a esta etapa de la vida de la santa y al entorno socioeconómico en el que se desenvolvió, el antropólogo e historiador Luis Millones interpreta esta estancia serrana y las vivencias cercanas al sufrimiento de los indios, como elementos claves que, de algún modo, moldearon su personalidad e instauraron en ella esa preocupación permanente por ocuparse de las miserias y los males de otros, que fueron finalmente los que creyeron en sus virtudes y en su santidad.

Resaltan sí que en Quives, que era doctrina de frailes mercedarios, la futura santa recibió en 1597 la confirmación de manos del arzobispo de Lima, Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, quien llegó al lugar en trabajo pastoral.

Reseñan además que en ese acto recibió el nombre de Rosa, que era como la llamaban en casa por una visión que tuvo su madre, en la que el rostro de la niña se convirtió en una rosa, por lo que más adelante adoptó el nombre religioso de Rosa de Santa María.

La santa vivió en el santuario de Santa Rosa de Lima, construido en los siglos XVII y XVIII en la primera cuadra de la avenida Tacna, junto a la casa donde inició sus primeras curaciones milagrosas, y según las numerosas biografías que se han escrito sobre ella, tenía como uno de sus dones la profecía (profetizó un año antes su muerte).

La leyenda alude también que salvó a Lima de un ataque de corsarios, por lo que su popularidad creció y motivó muchas otras historias que han seguido afirmándose con el paso del tiempo.

Labor evangelizadora

Si bien la oración y la penitencia las hizo en aislamiento, Santa Rosa de Lima desarrolló una activa tarea evangelizadora, pues consideraba que el objetivo de la doctrina cristiana era transmitir estas enseñanzas. Así, era frecuente verla predicando, tratando de convertir a los herejes que vivían alejados de las prácticas cristianas.

Y eso lo reconoció el papa Inocencio IX, quien afirmó que en América no hubo un misionero que con sus predicaciones lograra más conversiones que las que Rosa de Lima había conseguido solo con el poder de la oración.

En 1615, con ayuda de su hermano Hernando Flores de Herrera construyó una ermita en el jardín de la casa familiar, en cuyo reducido espacio se recogía en oración y hacía penitencia con una rigurosa disciplina que duraba varios días y que incluía una corona de espinas y ayunos permanentes.

Esta etapa de vacío y soledad, a la que se sumaba la incomprensión de la familia y los amigos, estaba compensada, sin embargo, con la intensa experiencia mística que la llevó a mantenerse espiritualmente alegre, aunque su cuerpo evidenciara el deterioro que finalmente fue minando sus fuerzas.

La santa limeña pasó los últimos años de su vida ayudando en el servicio del hogar de don Gonzalo de la Maza, un contador del tribunal de la Santa Cruzada, cuya esposa, doña María de Uzátegui, había desarrollado un especial cariño por la santa, sentimiento que fue recíproco. Cuando Rosa de Lima quedó gravemente afectada por una hemiplejia, pidió que fuera ella quien vistiera su cadáver.

La santa limeña falleció el 24 de agosto de 1617, a los 31 años, y ese mismo día su cadáver fue trasladado al convento de Nuestra Señora del Rosario, por una multitud que colmó calles y balcones.

Con la información de testigos promovida ese mismo año por el arzobispo de Lima, Bartolomé Lobo Guerrero, se inició el proceso de beatificación y canonización de Rosa de Lima.

Cinco décadas después, el papa Clemente IX la beatificó en 1668, y en 1669 la declaró patrona de Lima y del Perú. En 1670 fue declarada patrona principal de América, Filipinas y las Indias Orientales y en 1671, fue canonizada por su santidad Clemente X.

En Filipinas es adorada por sus apariciones durante la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial para proteger a personas indefensas.

Santa Rosa es también Patrona de las Armas de Argentina y Paraguay, y en el Perú lo es de la Policía Nacional, de las enfermeras y patrona de los mineros.

En olor de multitud

– La festividad de Santa Rosa de Lima se celebra el 30 de agosto en la mayor parte de los países, pese a que el Concilio Vaticano II la trasladó al 23 de agosto.

– En 1617 celebró en la iglesia de Santo Domingo de Lima su místico desposorio con Cristo, el fray Alonso Velásquez puso el anillo en uno de los dedos de la santa en señal de unión perpetua.

– Fray Antonio Rodríguez escribió que, si el sumo pontífice se hallara en la muerte de esta sierva de Dios y viera el innumerable concurso de gente que iba a ver el cuerpo y venerarle por santa, sin más averiguación la canonizara.

– Es la primera santa que antes de ser canonizada en 167l, sería proclamada patrona del Perú (1669), del Nuevo Mundo y de Filipinas (1670).

– Solo en el Perú hay más de 72 pueblos con su nombre.

– Se han escrito más de 400 biografías sobre ella.

– Tuvo un rápido ascenso a los altares: su proceso de canonización fue inmediato y en menos de 50 años fue declarada santa para la Iglesia Universal.

– A solo 8 días de su muerte se abrió el proceso de canonización.

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