Recibir un diagnóstico de cáncer es una de las peores noticias que se pueden escuchar, ya que provocan un impacto emocional enorme.

Lima, 23 de Octubre 2018, (ANDINA).- Recibir un diagnóstico de cáncer es una de las peores noticias que se pueden escuchar, ya que provocan un impacto emocional enorme y por eso es muy importante que los pacientes puedan recibir una atención integral para afrontar esos días.

Así lo sostuvo David Jáuregui, director de la Escuela de Psicología de la Universidad Norbert Wiener, quien dijo que para lograr ese objetivo es primordial la formación de profesionales oncológicos que trabajen en equipos interdisciplinarios.

“En estos procesos la intervención de un psicólogo es de especial importancia, pues permitirá trabajar terapéuticamente con el paciente y prepararlo mientras se realiza la evaluación de la biopsia anatomopatológica y/o los análisis y pruebas complementarias”, anotó.

El especialista señaló que en caso de que la persona padezca el mal, es recomendable continuar con la intervención psicológica.

En caso contrario, es decir si no se tiene la enfermedad, lo aconsejable es pasar por un proceso de psicoeducación para mejorar los niveles de calidad de vida que permitan al paciente y a su familia prevenir enfermedades crónicas a corto, mediano y largo plazo.

Una vez conocido el diagnóstico definitivo, el paciente es evaluado por el oncólogo médico, quien le informará sobre las posibilidades de tratamiento, evolución, pronóstico y absolverá sus dudas.

“Es en esta etapa donde el paciente presenta respuestas depresivas, ansiosas y de estrés, pudiendo experimentar alteraciones psicológicas y psiquiátricas”, agregó.

Jáuregui sostuvo que la aparición de pensamientos asociados a la muerte, los temores por el tratamiento y sus efectos secundarios desestabilizan a la persona y a la familia de este.

Agregó que la intervención a nivel psicológico en esta etapa está orientada a afianzar la relación terapéutica y la empatía, lo que favorecerá el trabajo asistencial y permitirá al paciente y a sus familiares expresar sus emociones de manera honesta frente a esta experiencia.

El objetivo es poder reforzar el nivel de conciencia de enfermedad en el paciente y en la familia, la adherencia al tratamiento médico indicado, minimizar los niveles de estrés y manejar las emociones.

“Todo este trabajo terapéutico le permitirá al paciente llevar el tratamiento oncológico de manera positiva, fortalecerá sus respuestas asertivas y resilientes, lo que le ayudará a adaptarse a esta nueva situación y a tomar control de ella”, manifestó.

Para Jáuregui, una vez que el paciente y la familia dejan de lado la estigmatización, pasan a enfrentar el diagnóstico oncológico con esperanza realista, logrando hacer uso de sus capacidades y recursos internos para tomar decisiones con autonomía.

“El apoyo psicológico puede no ser indispensable, pero la presencia en el trabajo terapéutico con el paciente y su familia marcará una gran diferencia”, indicó finalmente.

Print Friendly, PDF & Email