Sumemos la prudencia a la verbena de San Juan

Opinión de José Manuel Durán. La periferia de nuestras ciudades se ven salpicadas de chiringuitos de chapa a modo de tenderete. 

Madrid, 25 Junio 2017, (Especial para El Informante Perú).- ¿Qué harás este año la noche del veintitrés de junio? La verbena de San Juan, dependiendo de dónde se celebre, estará reñida con algunos riesgos que convendría evitar. Ni el bosque ni los parques y jardines de nuestras ciudades tienen por qué pagar las consecuencias de nuestros despistes, ¿no te parece?

Ya está aquí una de las celebraciones más multitudinarias del año. La noche víspera de San Juan se festeja, aunque con cierto retraso, la herencia de la antigua fiesta pagana que daba la bienvenida al estío. La verbena de San Juan es sobre todo un homenaje al fuego, a la pólvora y al ruido. Una manifestación de alegría por la llegada del buen tiempo.

Ante tal coyuntura, la periferia de nuestras ciudades se ven salpicadas de chiringuitos de chapa a modo de tenderete. No son difíciles de encontrar las casetas prefabricadas donde se venden petardos y otros productos de pirotecnia. Mucho antes de la noche de San Juan los chavales y los no tan niños hacen acopio de su particular polvorín, con el fin de darlo todo llegado el momento.

No es mi vocación la de ser un “aguafiestas”. Sin embargo sí me gustaría lanzar un par de reflexiones al aire, para que resuenen como esos petardos en algunas conciencias.

El fuego, la pólvora y el monte son una mala combinación. Parece una obviedad en los tiempos que corren, donde se repite hasta la saciedad la prohibición de hacer fuego en el monte. En zona forestal o a menos de quinientos metros de ella está prohibido hacer hogueras sin autorización, además de cualquier otra acción que suponga un riesgo manifiesto de incendiar el bosque.

Pero más allá de acatar una prohibición porque sí, se trata de un ejercicio de responsabilidad. No se debe tentar la suerte. Proteger el bosque es una obligación de todos, pero más aún si vives rodeado de él. En tal circunstancia, tu casa podría ser la primera en sufrir las consecuencias.

Te sorprenderías del número de salidas -por pequeños incendios, afortunadamente- que realizan los bomberos durante y en las jornadas previas a la fiesta de San Juan. Yo mismo, hace ya unos cuantos años, cuando la montaña me tenía seducido, comprobé de primera mano la necedad de algunas personas. Es comprensible que un crío tenga un comportamiento irreflexivo, pero no lo es tanto si se trata de un adulto. El monte, la sierra o el bosque -como quieras llamarlo- no son compatibles con las hogueras y los petardos. Si te percatas de que alguien aún no se ha dado cuenta, coméntaselo por favor. Cuidado con los incendios forestales esta Verbena de San Juan.

Ahora que ya me he despachado con el tema forestal, voy con los parques y jardines. Ignoraré mi punto de vista como jardinero -no quiero “hacerme mala sangre”-. Basta con dar voz a los muchos usuarios que disfrutan cada día de nuestros oasis urbanos.

Aunque para algunos no lo parezca, tras la verbena de San Juan existe un mañana. Estos espacios se han de seguir utilizando más allá de los festejos y no puede ser que una mayoría tenga que sufrir el desenfreno de cuatro individuos desatados.

Después de una noche de fiesta o concierto no es raro encontrar las plantas destrozadas. Ojalá fueran ajenas al vandalismo, pero no lo son. Y como algo frecuente que es, acaba imperando la resignación. Los desperfectos se acaban tolerando -lamentablemente-. Pasan a considerarse “algo normal”.

Sin embargo, cualquier desaguisado conlleva más tarde su reparación. ¿Y sabes quién lo paga? A costa de nuestros impuestos, claro. Pero lo que ya roza lo absurdo es cuando aparecen hasta cuatro y cinco parterres completos de plantas quemadas… o papeleras, bancos y contenedores de basura también consumidos por el fuego. ¿Qué nos pasa por la cabeza? ¿Es necesario llegar hasta ese punto para divertirnos?

Cualquiera puede tener un descuido. Ya se entiende que, como seres humanos, todos cometemos errores. Pero hay hechos que cuesta creer que sean fruto de un accidente.

(*) José Manuel Durán – Jardinero y amigo de la naturaleza.

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