Han pasado 11.555 días o 31 años y 7 meses, pero la hazaña de la obtención de la medalla plata obtenida en los Juegos Olímpicos de Seúl’88 se mantiene viva.
Lima, 19 Mayo 2020, (ANDINA).- Han pasado 11.555 días o 31 años y 7 meses, pero la hazaña de la obtención de la medalla plata obtenida en los Juegos Olímpicos de Seúl’88 por la selección peruana de voleibol se mantiene viva en el recuerdo de los aficionados.
Una jornada épica matizada por la desazón de haberse quedado a un paso de la gloria esquiva del oro.
Obtenido por jugadoras de nivel superlativo, el camino hacia uno de los máximos galardones de la historia deportiva del país fue guiado por el legendario entrenador coreano Man Bok Park, quien falleció el pasado 26 de septiembre a los 83 años.
Mr.Park, como se le llamó siempre con cariño y respeto, fue el líder de un equipo en el que destacaban figuras como Cecilia Tait, Gabriela Pérez del Solar, Rosa García, Gina Torrealba, Denisse Fajardo, Natalia Málaga o Miriam Gallardo.
Incluso Tait, conocida como ‘la Zurda de Oro’, dejó tal estela de admiración que el Comité Olímpico Internacional (COI) le otorgó en 2003 el trofeo «Mujer y Deporte» para las Américas y en 2005 se convirtió en la primera sudamericana en ingresar al Salón de la Fama del Voleibol de los Estados Unidos.
Generación dorada
Más allá de las individualidades, se trató de una generación dorada, tal como destacó a Efe la presidenta de la Federación Peruana de Voleibol (FPV), Pilar Gonzales López de Raygada, quien aseguró que este «hito fue el punto culminante» de ese equipo y su repercusión «aún se siente» en su país.
«En ese momento confluyeron una serie de hechos auspiciosos que concluyeron en esa medalla que bien pudo ser de oro. Las nuevas generaciones tienen no solo ese legado imborrable en sus camisetas, sino también el compromiso de superar lo que ellas hicieron», acotó.
Los datos fríos, que no dan cuenta de las intensas emociones que generan los acontecimientos de este tipo, señalan que Perú llegó a la final de Seúl tras haber logrado el mejor promedio de bloqueo de la competencia, que inició con un contundente 3-0 sobre Brasil (15-11, 15-11 y 15-3), su clásico rival sudamericano.
Daría el gran golpe al vencer en su siguiente encuentro a China, por entonces campeón mundial y olímpico, por 3-2 (13-15, 15-13,7-15, 15-12 y 16-14) y luego superaría a Estados Unidos, por otro 3-2 (12-15, 9-15, 15-4, 15-5 y 15-9), tras ir dos sets abajo.
En la semifinal, las peruanas ratificaron su altísimo nivel para vencer a Japón por 3-2 (15-9, 15-6, 6-15, 10-15 y 15-13) y conseguir la primera clasificación en la historia de un equipo sudamericano de voleibol femenino a una final olímpica.
Contra la exUnión Soviética
El partido soñado frente a la Unión Soviética se disputó el 29 de setiembre de 1988 y generó la expectativa de los peruanos, que siguieron las acciones por radio y televisión, a pesar de la diferencia horaria con la lejana Corea del Sur.
La emoción casi llegó al paroxismo cuando las peruanas ganaron los dos primeros sets (15-10 y 15-12), pero en el tercero las soviéticas remontaron un 12-6 para quedarse con un 13-15 que les dio el impulso para también ganar el cuarto por 7-15.
El clímax se alcanzó en un quinto set disputado punto a punto, hasta llegar a un empate de 15-15, con Perú con la primera opción de la victoria, pero las soviéticas se quedaron con el oro por 15-17.
«Pocas veces un partido como ese atrajo tanto interés de la afición nacional», recordó a Efe la presidenta de la FPV, que resaltó que por primera vez «un deporte colectivo como el voleibol estuvo a un paso de lograr semejante logro».
Consideró, además, que en un encuentro de esa instancia final «el más mínimo error puede conducir a una derrota» y que el equipo rival «supo aprovechar su momento y marco esa delgada diferencia».
«Nada que reprochar a esa brillante generación que hasta el día de hoy brilla tanto como ayer», enfatizó.