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Edición Nº 3888 - Abril 2014
VUELVE EE.UU. DONDE SOLÍA
Por: Alberto Piris.

Madrid, 08 Julio 2012, (Especial para El Informante Perú).- El 2 de mayo de 1866, treinta años después de que España hubiera renunciado formalmente a sus posesiones en territorio continental americano, una flota de la llamada Escuadra del Pacífico, bajo las órdenes del almirante Méndez Núñez, bombardeó el puerto peruano de El Callao, en lo que puede considerarse uno de los últimos estertores bélicos de un viejo imperio, ya en franca decadencia. Son ahora las armas de otro imperio, el regido desde Washington, en el que algunos observadores también perciben signos de declive, las que muestran intenciones de regresar a lo que fueron escenarios de guerras y conquistas anteriores, cuando EE.UU. extendía sobre todo el planeta su poder militar para contener a la Unión Soviética, entonces el enemigo declarado de los intereses estadounidenses.

El hecho es que en los últimos tiempos se han reanudado contactos entre el Pentágono y los Gobiernos de algunos países del sureste asiático, lo que parece ser consecuencia inevitable de la llamada “nueva estrategia 2012″, que fue aprobada por Obama a principios de este año. En el discurso de presentación ante la Junta de Jefes de Estado Mayor anunció el propósito de reducir la implicación de las armas estadounidenses en el continente euroasiático y volcar con preferencia su atención hacia el espacio del Océano Pacífico y el Lejano Oriente. Aunque se adujeron varias razones para hacerlo así, la más decisiva es, sin duda, la creciente amenaza que supone el poderío chino en todos los órdenes: económico, financiero, político y, sin duda alguna, también militar.

Los países que albergaron las bases de EE.UU. desde las que se sostuvo la guerra de Vietnam están siendo objeto de especial atención por Washington. Filipinas, Vietnam y Tailandia han recibido visitas de misiones norteamericanas, con vistas a establecer relaciones militares que permitan utilizar las instalaciones locales para maniobras y ejercicios conjuntos, visitas periódicas y convenios defensivos. El general Dempsey, que preside la Junta de Jefes de Estado Mayor, declaró, tras una visita a Tailandia, Filipinas y Singapur: “Yo no voy con una mochila llena de banderas de EE.UU. plantándolas por todo el mundo”. Explicó que el objetivo de los contactos realizados era crear vínculos de asociación con países con los que existieran intereses comunes y establecer algún tipo de presencia temporal en ellos.

Aunque el Departamento de Defensa niega que el renovado interés por esta zona obedezca a un plan de contención de China, son de sobra conocidos los conflictos de soberanía en aguas internacionales que afectan a China y varios países limítrofes. Pero del mismo modo que la flota española regresó a El Callao -que había sido base naval al servicio de España- las Fuerzas Armadas de EE.UU. no olvidan que, por ejemplo, construyeron en Tailandia una de las más largas pistas de aterrizaje existentes en el Sureste asiático en la base de U-Tapao, desde donde operaron los temibles B-52 responsables del “bombardeo en alfombra” que arrasó Vietnam. Otros nombres que resonaron durante esta guerra vuelven a primer plano, como la base naval de Subic y la base aérea de Clark, ambas en Filipinas, pivotes esenciales para el esfuerzo bélico estadounidense en los años 60 y 70.

Así pues, todo indica que se está produciendo paulatinamente en Washington una nueva traslación en el concepto de enemigo: si el terrorismo sustituyó con éxito a la desaparecida URSS, ahora China empieza a aparecer como una nueva amenaza, más grave que el terrorismo, lo que permite mantener las necesarias presiones políticas (miedo y sumisión en la población) y económicas (armamento y gastos de defensa), para que todo siga igual y los beneficios del miedo se aprovechen debidamente.

Pero no todo parece que pueda seguir siendo igual. Uno de los más preciados instrumentos de guerra de Obama, los aviones sin piloto en acciones de aniquilación planeada, ha sido objeto de un rechazo oficial por Naciones Unidas, donde se anuncia la apertura de investigaciones sobre las frecuentes víctimas producidas por estos aparatos entre la población civil indefensa. Incluso el expresidente Jimmy Carter ha anunciado que las acciones agresivas de los drones violan los derechos humanos, “ayudan a nuestros enemigos y nos separan de nuestros amigos”.

El relator especial de la ONU para los “homicidios extrajudiciales” informó en una conferencia en Ginebra que los ataques con aviones teledirigidos, efectuados en Pakistán, Yemen y otros países, “incitan a los Estados a violar los derechos humanos básicos”, y consideró que en ocasiones debían considerarse crímenes de guerra.

La Unión Americana de Libertades Civiles, participante también en la conferencia antes citada, estima que los ataques de drones de EE.UU. han matado más de 4.000 personas en Pakistán, Yemen y Somalia, de las que muchas eran personas inocentes.

La remilitarización del Este asiático, que reproducirá frente a China la nefasta “teoría de la contención” que sostuvo la Guerra Fría y sembró el planeta de “guerras por país interpuesto”, no augura perspectivas positivas. Parece como si las peores etapas de la Historia de la humanidad tuvieran una nefasta propensión a repetirse.
 

(*) General de Artillería en Reserva.

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