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El Hospital Arzobispo Loayza posee un sofisticado Fibroescan, equipo tecnológico que permite diagnosticar la fibrosis hepática sin necesidad de operar al paciente,

Lima, 06 de Agosto 2018, (ANDINA).- El Hospital Arzobispo Loayza se ha convertido en el único centro de salud público de Latinoamérica que posee un sofisticado Fibroescan, equipo tecnológico que permite diagnosticar la fibrosis hepática sin necesidad de operar al paciente para hacerle una biopsia.

“Desde hace dos años tenemos una herramienta que nos ayuda a hacer el diagnóstico de fibrosis y cirrosis hepática sin necesidad de tomar una biopsia hepática. Se trata del Fibroscan. El Loayza es el único hospital público de América Latina que cuenta con esta tecnología”, detalló Jorge Garavito, jefe de la Unidad de hígado del Departamento de Gastroenterología de dicho nosocomio.

Manifestó que, gracias a este aparato, se reducen los riesgos de hospitalización y perforación del órgano, con posibles efectos secundarios.

“Es un procedimiento bastante simple, que demanda poco tiempo, máximo 30 minutos, no invasivo y de consulta externa, que no produce dolor ni complicaciones. La muestra del Fibroescan representa una de 500 partes, a diferencia de lo que se logra con la biopsia (una de 50,000 partes). Es decir, es más preciso”.

Hígado graso

En el programa “Al Servicio de tu salud” de Andina canal online, el experto indicó que el hígado graso es en este momento el mayor factor de riesgo para el desarrollo de una fibrosis y cirrosis hepática.

“Históricamente la primera causa de la cirrosis hepática en el Perú era producida por el consumo de alcohol, seguida por la hepatitis B y posteriormente el hígado graso. Sin embargo, de acuerdo con nuestros estudios, (realizados en el hospital Loayza) y otros establecimientos del Minsa, se ha establecido que la primera causa ahora es el hígado graso”.

Comentó que la población más afectada con este problema se encuentra entre los 30 y 59 años, lo cual es muy preocupante porque se trata de población económicamente activa.

“Se ha declarado una epidemia de hígado graso a nivel mundial. El 11 de junio celebramos su día. Se trata de una enfermedad silente, que en la mayoría de los casos no avisa, no tiene síntomas. Ocurre cuando hay 5% de grasa acumulada en el parénquima hepático”.

Garavito señaló que, si el paciente con hígado graso no sigue una dieta adecuada, no hace actividad física, no baja de peso, el daño continuará aumentando y se generará mayor inflamación de este delicado órgano.

“Si no hay cambios en la vida del paciente, puede producirse una fibrosis hepática, que es la cicatrización y endurecimiento del hígado, lo cual puede terminar en una cirrosis hepática, que es un daño crónico e irreversible. El mayor peligro es que todo puede conducir a un cáncer de hígado”, alertó.

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