Año del Buen Servicio al ciudadano.

Alcoholismo fetal

Opinión de Claudia Brihuega Ortiz. El consumo de alcohol durante el embarazo perjudica el desarrollo del bebé desde el primer momento y tiene secuelas a largo plazo para esa nueva vida que se desarrollará con los años.

Madrid, 28 Octubre 2017, (Especial para El Informante Perú).- El síndrome de alcoholismo fetal puede causar problemas funcionales físicos o sensoriales, de crecimiento y provocar trastornos del aprendizaje o del comportamiento. Puede estar presente en bebés cuya apariencia y crecimiento no esté afectado. Ha sido reconocido como problema de salud pública por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La Provincia Occidental del Cabo, en Sudáfrica, registra la tasa más alta de casos. El síndrome de alcoholismo fetal es de difícil curación. Los tratamientos médicos y psicopedagógicos intentan mejorar la calidad de vida de los niños a través del desarrollo del aprendizaje y del lenguaje, resolver problemas de conducta, de memoria y el déficit de atención. “Cuando estaba embarazada bebía mucho. Mi tercer hijo tiene problemas” dice Marion Williams, empezó a beber cuando era adolescente, ahora tiene 45 años.

NoFAS es una organización creada en 2003 en Reino Unido. Una red de prevención y actuación, presente en muchos países, formada por un equipo interdisciplinar que trabaja para la difusión de información a las futuras madres y de los recursos necesarios para el tratamiento.

El alcohol forma parte de la cultura de muchas sociedades. La publicidad de bebidas alcohólicas sugiere un mundo de diversión y aventuras. Es un reclamo para las adolescentes, además de la desinhibición que les proporciona, es un producto accesible y asequible. La falta de información y de medidas de prevención crean los falsos mitos de “yo controlo”. En algunos casos, el inicio temprano en el consumo de alcohol conlleva a la dependencia y el abuso en edades más tardías.

Hay personas que recurren a él como vía de escape o por repetición de la conducta aprendida durante la infancia. Las mujeres en situación de riesgo de exclusión social que consumen no suelen acudir a las revisiones médicas, supondría reconocer la adicción y hablar sobre los conflictos personales. No hay un porcentaje de alcohol apropiado para las mujeres embarazadas, es una sustancia tóxica que perjudica el desarrollo del bebé desde el primer momento. El diagnóstico y la atención temprana en estos casos son vitales.

Irene tiene seis años, con siete meses ingresó en un Centro de Acogida tras recibir el alta en el hospital donde había estado ingresada desde que nació. Sufre secuelas físicas, pero también emocionales.

Hasta hace unos días no ha preguntado por sus padres a los educadores del Centro en el que vive. “Es preferible perder aquello que se tuvo a no saber que se siente al tenerlo” cuenta una de sus educadoras.

La intervención con las madres lucha contra el estigma social no sólo por su adicción sino también por el error cometido. No es cuestión de ser o no ser una buena madre, no se trata de buscar culpables. El estigma social está presente en la forma de actuar y en el lenguaje que se utiliza, es positivo trasladar la carga del mensaje. La educación es la llave para el cambio, debe ser global e implicar a todos los actores de la sociedad.

(*) Periodista.

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